domingo, 22 de febrero de 2009

costumbres hindues

Uno de los rasgos distintivos de la sociedad patriarcal es la condición inferior atribuida a la mujer. Desde el momento del nacimiento, se recuerda a las mujeres su inferioridad, de maneras más o menos sutiles. Se considera que la mujer es una forma inferior de reencarnación y una especie de fuerza negativa que puede embrujar y causar daño a otros. En todos los estudios de casos, las mujeres manifestaron poseer un nivel más bajo de autoestima que los hombres y peor imagen en la sociedad. Una vez más, no cabía esperar esto en las comunidades budistas y animistas, pero las ideologías predominantes en sociedades ajenas a estas comunidades parecen estar ejerciendo una profunda influencia sobre los mensajes que recibe la mujer respecto a su lugar en la sociedad. No obstante, el concepto de que el hombre goza de una posición más elevada que la mujer en el momento del nacimiento se expresa habitualmente en sociedades budistas «puras».

El sistema patriarcal está configurado por la residencia patrilocal y las relaciones de parentesco que obligan a las mujeres a abandonar su lugar de nacimiento cuando contraen matrimonio y a vivir en lugares que les son ajenos bajo el control de las familias de sus maridos. Por lo general, los matrimonios todavía los arreglan los padres, de forma que una mujer se ve abocada a vivir entre extraños, sin el apoyo familiar del que gozaba en el hogar. En Nepal y en la India son bien conocidas las dificultades y penurias alas que someten las suegras a las recién casadas.

Las leyes consuetudinarias que rigen en una gran parte de la región montañosa establecen que los hijos varones hereden la tierra y los rebaños de sus padres, mientras que las mujeres sólo heredan bienes muebles, como las joyas o enseres del hogar. Por consiguiente, los hombres son dueños de los medios de producción y las mujeres carecen de propiedades, lo que las hace vulnerables y dependientes de la buena voluntad y del sentido de responsabilidad de los hombres. Este sistema, además de entrañar una desigualdad intrínseca, coarta aún más la capacidad de la mujer para ampliar sus medios de subsistencia, al impedirles acceder al crédito de instituciones financieras por carecer de las garantías necesarias para los préstamos.

En la mayor parte de los países del Hindú Kush la mujer está muy escasamente representada en los órganos políticos nacionales, incluso en países como Bhután, donde tiene una posición de mayor igualdad con el hombre en el hogar. Es muy reducido el número de mujeres procedentes de las zonas montañosas que puedan representar los intereses de otras mujeres en los órganos políticos. Aunque hay muchos programas destinados a abordar las necesidades prácticas de las mujeres rurales, desafortunadamente pocos efectos positivos han tenido para las mujeres o incluso éstas desconocen su existencia.